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Adquirir hábitos a través de la repetición es el camino más directo hacia la comodidad del movimiento y el más corto hacia el precipicio obsesivo de la certeza. El negocio de la costumbre parece bastante fiable. El instinto nos permite funcionar, respirar, caminar, sin que razonemos en ello a cada segundo, para así delegar en la inteligencia aquellos dilemas que nos acomplejan cada tanto. La cuestión del problema radicó en que algunos cuantos comerciantes vendieron aparentes verdades sinópticas para poder hallar rápidamente la salida a distintos entramados. Prostituyeron de instinto al intelecto con respuestas preestablecidas a preguntas que dependen mucho del contexto.

 

¿Cuántas veces escuchamos de un relator decir "para adentro nunca"? ¿En cuántas otras opor