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Del prólogo de Martí Perarnau.

 

La incertidumbre tiene una hija natural: la duda. Quienes dudan, avanzan. La duda es un germen fri­o y duro que incomoda, pero también es la semilla del crecimiento personal.

 

Dudar es aprender de nuevo, es hallar los errores contenidos en las certezas, es derribar las paredes de la incomprensión y caminar hacia un conocimiento algo mayor, aunque siempre limitado. El ser humano es mejor cuando se cuestiona a sí mismo, cuando duda de aquello aprendido, cuando se interroga sobre la veracidad de los clichés acumulados.

 

Somos incertidumbre y sobre ella nos conviene edificarnos y re-edificarnos. Aunque eso nos agite una y otra vez, sin remedio, cuando nuestro equipo va ganando por 1-0 a falta de media hora.

 

De ahí la belleza de este libro que publica ahora Miguel Chamorro sobre el futbol incierto. Porque interroga y nos interroga, convoca a las dudas e invoca a la incertidumbre como guía del camino.

Fútbol Incierto