La realidad fisiológica de Argentina en el Mundial
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Por Ricardo Guerra. Máster en Fisiología Deportiva.

Argentina llegó a la final del Mundial con un desgaste físico acentuado. El aguerrido equipo de Messi y compañía llegó a la final tras haber jugado dos prórrogas: contra Cabo Verde y Suiza. Además, contó con un día menos de descanso, ya que jugó la semifinal contra Inglaterra el miércoles, mientras que España se enfrentó a Francia el martes. Esta desventaja fisiológica de Argentina quedó evidente en la final.
Durante la segunda fase del Mundial, el tiempo de recuperación antes del siguiente partido tal vez no fue suficiente, y resulta entonces fundamental implementar estrategias de recuperación y controlar la carga de trabajo.
Un equipo puede arreglárselas sin usar algunas de estas estrategias cuando solo se disputa un partido y con suficiente tiempo de descanso previo.
Las estrategias de recuperación fisiológica son esenciales cuando los partidos consecutivos reducen significativamente el tiempo de recuperación. Y son aún más importantes cuando uno de los equipos jugó una prórroga y el rival no.
Esa es precisamente la situación a la que se enfrentó Argentina frente a España en la final del Mundial.
La Copa del Mundo de 1994 fue la última vez en la que todas las selecciones semifinalistas jugaron el mismo día. En todas las ediciones de la Copa del Mundo posteriores, una de las semifinalistas tuvo un día más para recuperarse antes de la final, porque las semifinales se disputaron en días diferentes.
Desde 1994, y hasta la Copa del Mundo de este año, se han disputado ocho ediciones del torneo. En esas ocho, cinco de las selecciones que tuvieron un día más de descanso antes de la final terminaron ganando la Copa del Mundo.
Solo tres selecciones rompieron esta tendencia: Francia en 1998, Brasil en 2002 y España en 2010, pues ganaron la final con un día menos de descanso. Obviamente, sería necesario examinar datos adicionales del calendario de otras competiciones de futbol para determinar si existe alguna relación entre tener un día más de descanso y alcanzar el éxito.
Sin embargo, desde el punto de vista del paradigma de la fisiología del ejercicio, un día más de descanso antes de la final, tras una agotadora secuencia de partidos consecutivos a lo largo de la competencia, sí es significativo. Ese día adicional de descanso al final de la jornada, justo antes de la final, puede marcar la diferencia.
Como de hecho ocurrió el domingo, Argentina fue víctima de lo que propongo llamar FUCO - Fatigue Unresolved Carry Over (Fatiga residual no resuelta), un término propio que describe la dificultad y los desafíos que enfrenta un equipo para recuperarse por completo después de muchos partidos consecutivos.
Es revelador que la final se haya mantenido igualada, 0-0, durante los 90 minutos reglamentarios, y que España recién lograra abrir el marcador en el minuto 106 de la prórroga: el desgaste no impidió que Argentina compitiera de igual a igual, pero sí parece haber pesado en el tramo final, cuando la fatiga acumulada se vuelve determinante.
Vale la pena recordar que Argentina se encontraba en una situación muy difícil frente a la selección de Suiza, minutos antes de que el delantero Embolo fuera expulsado de manera infantil. Ya en ese partido, Argentina se mostraba mermada y bajo los efectos del FUCO. Solo después de la expulsión comenzó a dominar, porque entonces jugaba con un jugador más. La suerte estaba de su lado.
Es difícil ignorar el hecho de que todos los equipos llegaron a este Mundial tras terminar temporadas agotadoras en sus campeonatos nacionales y continentales. Además de tener que enfrentar en Estados Unidos altas temperaturas, a las que no les resultaría fácil adaptarse.
La segunda fase del Mundial ofrece una excelente oportunidad para aplicar los conocimientos de fisiología y mejorar la recuperación de los jugadores. Si un equipo no quiere sucumbir al FUCO, necesita el respaldo de la ciencia.
En las últimas décadas, la fisiología del ejercicio ha registrado avances significativos. Los deportes como el ciclismo y el atletismo fueron pioneros en la incorporación de diversos métodos de recuperación.
Siguiendo esta tendencia, muchos equipos están adoptando ahora enfoques similares, aunque algunos países se destacan más que otros. Por ejemplo, las instituciones de investigación escandinavas de renombre internacional han establecido un alto estándar desde los inicios de la fisiología del ejercicio.
Contrario a lo que se cree popularmente, los jugadores a menudo necesitan un tiempo considerable para recuperarse entre partidos. Después de un partido especialmente exigente, el sistema musculoesquelético puede sufrir alteraciones considerables.
Algunos aspectos de la recuperación tardan hasta semanas en restablecerse por completo. Estas estrategias son cruciales cuando el intervalo entre partidos deja poco tiempo para lograrlo.
La Selección Argentina sufrió las dificultades de la FUCO y, a pesar de su conocida garra, no fue capaz de superar el desafío debido al agotamiento acumulado a lo largo de la competencia.
Los cuerpos técnicos deben evitar que los jugadores lleguen a un estado de agotamiento físico. Los responsables deben adoptar una doble estrategia: controlar meticulosamente la carga de entrenamiento entre partidos y aplicar protocolos de recuperación adecuados.
El conocimiento de esta dinámica doble (control de la carga y estrategias de suplementación) no es común en el futbol. Incluso en países con acceso a esos conocimientos no es raro que un entrenador le dé menos importancia a la implementación de estas estrategias.
Es sorprendente lo que algunos entrenadores les hacen pasar a sus jugadores en las 48 horas previas a un partido. Este problema persiste desde hace décadas, con historias de cargas de entrenamiento absurdas aplicadas antes de partidos importantes, muchas de las cuales ocurrieron en los Mundiales de la década de 1980.
El legendario entrenador argentino Carlos Bilardo fue un gran observador de las tendencias mencionadas anteriormente. Se dio cuenta de lo que, hasta el día de hoy, muchos siguen ignorando. Bilardo, un visionario con formación en medicina, era minucioso y prestaba mucha atención al control de las cargas de entrenamiento entre los partidos de la selección campeona en la Copa del Mundo de México de 1986.
Al conversar con algunos conocidos de esa selección, me sorprendió darme cuenta de que Bilardo había adoptado estos principios científicos mucho antes que sus contemporáneos. Era innovador y aplicaba conceptos científicos modernos al futbol.
Tanto España como Argentina lograron victorias impresionantes contra sus rivales en las semifinales, y ambos partidos se decidieron en el tiempo reglamentario, evitando la prórroga.
Estas dos selecciones cuentan con una dinámica de equipo cohesionada que juega en perfecta armonía. El individualismo, el estrellismo y el egocentrismo que afligen y asolan a otras selecciones están ausentes en estos dos equipos. De hecho, son los dos mejores del mundo.
Con una impresionante combinación de talento individual y una fuerte cohesión táctica, España representó un desafío considerable para Argentina.
A pesar de esa desventaja fisiológica (FUCO), Argentina exhibió una resiliencia notable: un equipo unido que compitió con carácter hasta el final, cargando con las esperanzas de su gente y su historia. Pero el deseo de ganar, por sí solo, no alcanza para compensar un déficit fisiológico acumulado a lo largo de un torneo tan exigente. La Selección de Argentina contaba con sólidos elementos estratégicos y tácticos; sin embargo, no fueron suficientes para asegurar otro campeonato mundial.
El calendario de las semifinales le dio una ventaja a España.
De igual manera, en el Mundial de 2014, Argentina llegó a la final contra Alemania con un día menos de descanso. Además, tuvo que disputar la prórroga en la semifinal. Es probable que esos dos factores hayan contribuido a la derrota en ese partido. En un giro del destino, en 2022 Argentina contó con un día más de descanso antes de la final contra Francia y conquistó su tercer título.
La FIFA debería volver al formato anterior del calendario, en el que los dos semifinalistas disputan sus partidos el mismo día. Mantener un esquema que otorga una ventaja fisiológica a un finalista sobre otro es difícil de conciliar con el discurso de juego limpio que promueve el propio organismo.

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