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- Lisandro Martínez: estructura y salida en la Selección Argentina
Por Juan Fuenzalida. Analista Táctico. Especialista en fútbol profesional. Autor del libro "Defender con el 4-4-2" publicado por la editorial LIBROFUTBOL.com. Lisandro Martínez: gol y asistencia frente a Cabo Verde. Introducción El rol del defensor central moderno ha trascendido la mera destrucción del juego rival. Hoy en día, perfiles con alta sensibilidad técnica, entendimiento del espacio y velocidad de ejecución son los verdaderos constructores de las ventajas estructurales de un equipo. En este informe táctico, desglosamos las virtudes de Lisandro Martínez a partir de los patrones específicos identificados en su partido con la Selección Argentina frente a Cabo Verde. Fase de posesión Control hacia atrás para provocar salto a presión Uno de los recursos más sofisticados de Lisandro es el uso de controles orientados sutilmente retardados o hacia su propio arco. No es un gesto de temor, sino de provocación (atracción). Al simular una situación pasiva o de retroceso, induce el salto del delantero o interior rival fuera de su zona de confort, rompiendo el bloque defensivo adversario y abriendo líneas de pase a su espalda. Identificar espacio liberado tras presión Una vez que Martínez logra que el oponente "salte" y abandone su posición, demuestra una excelente visión periférica para identificar inmediatamente el pasillo o el "tercer hombre" libre. Su capacidad para procesar la información espacial bajo acoso le permite filtrar envíos precisos hacia zonas intermedias, permitiendo al mediocampo recibir con tiempo y espacio para girar. Jugar con quien inicia carrera (ataque a los espacios) El defensor no solo distribuye al pie; posee un notable timing para ejecutar pases verticales frontales o diagonales justo en el instante en que sus compañeros (extremos o laterales) inician la ruptura o desmarque en carrera. Esta sincronización milimétrica inhabilita las posibilidades de anticipación de la última línea rival. Fase sin balón Vigilancias defensivas y anticipación activa Mientras el equipo ataca, Lisandro Martínez mantiene una concentración posicional óptima. Las vigilancias defensivas le permiten estar siempre a una distancia de intervención idónea respecto al posible receptor de la transición rival. Esto corta de raíz los contragolpes contrarios antes de que cobren velocidad. Perfilado idóneo para correr y defender en amplitud Cuando el rival logra estirar el juego, el perfilamiento corporal de Lisandro es ejemplar. Coloca su centro de gravedad de manera que puede girar rápidamente hacia cualquiera de sus perfiles, permitiéndole acompañar las carreras veloces de los atacantes en campo abierto sin perder la línea ni regalar el lado interno. Desestabilización del rival previo a la disputa A pesar de no ser el defensor más espigado, compensa con un uso sobresaliente del cuerpo. En balones aéreos o disputas frontales, realiza un contacto físico sutil pero desestabilizador justo un instante antes de que el rival intente impactar o controlar el balón. Esto altera el equilibrio del delantero y le permite quedarse con segundas jugadas de forma limpia. Conclusiones El perfil analizado de Lisandro Martínez confirma que es un activo invaluable en equipos que pretenden asumir el protagonismo mediante la posesión y una presión alta. Su repertorio técnico-táctico ofrece soluciones tanto en la base de la jugada como en situaciones de riesgo defensivo a campo abierto. Desarrollado por Juan Fuenzalida.
- Claudio Coutinho: el arte de comandar
Por Ricardo Guerra. Máster en Fisiología Deportiva. El estadio de Rosario Central, el Gigante de Arroyito, es una auténtica ratonera: recuerda mucho a La Bombonera, el mítico estadio de Boca Juniors, donde la distancia entre la pared, el terreno de juego y las líneas del campo es casi inexistente. Aquella noche, los hinchas presionaron al jugador, insultándolo constantemente y lanzando diversos objetos al terreno de juego. Daba la impresión de que estaban dispuestos a invadir el campo en cualquier momento. En el fondo, jugar en un lugar como ése es como jugar en un infierno. El ambiente era tan hostil que esa noche el Gigante de Arroyito hizo que la Bombonera pareciera Disneylandia. La presión que rodeaba a este partido era monumental. El seguro, constante e inteligente central de la selección brasileña, Amaral, me dijo por teléfono: "nos acostamos a las cinco de la mañana. Había un sinfín de fuegos artificiales. La policía no cerró una zona más amplia, sino sólo una manzana alrededor del hotel. Hubo fuegos artificiales toda la noche. Y seguían apuntando al hotel y a las ventanas de las habitaciones en las que estábamos". "nos acostamos a las cinco de la mañana. Había un sinfín de fuegos artificiales. La policía no cerró una zona más amplia, sino sólo una manzana alrededor del hotel". Así que no es cualquier jugador el que tiene la disposición y el carácter para enfrentarse a un partido así. Características como el coraje y el control emocional son, por tanto, primordiales. En aquel momento, no había espacio para diletantes, sería un enorme desafío encontrar en el panorama futbolístico actual un partido con tanta vitalidad, vigor físico y fiereza en el marcaje como aquel encuentro de la Copa Mundial de 1978 entre Brasil y Argentina, que ha pasado a la historia como la famosa "Batalla de Rosario". También conviene recordar que los árbitros del futbol de antaño eran más tolerantes con las infracciones y permitían jugadas mucho más violentas y dudosas que en la actualidad. En aquella época, las peleas en el campo a menudo iban mucho más allá de los límites permitidos por las reglas del juego. En resumen, no cualquier entrenador tiene la capacidad parar preparar a un grupo de jugadores para semejante proeza en la casa del anfitrión. Y lo que me impresionó de los jugadores de Coutinho fue ese implacable ímpetu de vigor físico, ese férreo marcaje y esa cobertura de los espacios, así como el hecho de que se enfrentaran al rival de igual a igual. En aquel partido, el espíritu feroz, la motivación y la extrema disposición de nuestros jugadores, así como la organización táctica de todos los elementos, especialmente en el sistema defensivo sin posesión del balón, constituyeron un factor histórico y sin precedentes en el fútbol brasileño hasta entonces. El coraje demostrado por los jugadores brasileños en aquel partido es sencillamente inolvidable y marca un hito en la historia del fútbol de Brasil. Inmediatamente llegué a la conclusión de que el comportamiento de nuestros jugadores era especial y que una persona con grandes dotes de liderazgo y gestión humana estaba detrás de aquella hazaña. ¿Quién, en aquel cuerpo técnico, era capaz de preparar tan bien a Brasil en el aspecto psicológico del juego? Independientemente de que el espectador prefiera un juego más ofensivo o defensivo, está claro que la entrega y la fuerza mental mostradas por los jugadores brasileños fueron innegables, así que la pregunta anterior cobra aún más relevancia. Me pregunté si había un psicólogo en el cuerpo técnico brasileño. Al fin y al cabo, Brasil había recurrido a un psicólogo en 1958 y 1962, pero no había constancia de que hubiera un profesional en el campo en 1978, durante la Copa Mundial. Había rumores de que sí. Pregunté a varios jugadores que militaban en aquella selección y ninguno me confirmó la presencia de un psicólogo en el cuerpo técnico, así que busqué en la literatura académica y encontré un estudio que describía el papel de los profesionales de la psicología deportiva en la selección brasileña. En ese artículo se relataba el paso de un psicólogo por las selecciones nacionales de 1958 y 1962, pero nada sobre el equipo de Claudio Coutinho. Con el deseo de aclarar las cosas de una vez por todas, decidí ponerme en contacto con los investigadores que escribieron el artículo para averiguar si los psicólogos de 1958 y 1962 también habían trabajado con la selección de 1978. Uno de ellos me contestó que ese profesional nunca había trabajado con la selección. A pesar de esta confirmación, la pregunta seguía inquietándome ¿Quién podía ser tan capaz de dirigir y preparar a esos guerreros con tanta entereza para un partido de fútbol? Estaba seguro de que allí había alguien muy bien preparado y con mucha experiencia para movilizar a un grupo de deportistas en torno a unos objetivos comunes. En aquel momento todavía estaba al principio de mi curiosidad por Claudio Coutinho y su meteórico ascenso dentro del fútbol brasileño. Pero a medida que avanzaba en mi investigación sobre este gran entrenador empecé a darme cuenta de que poseía un don que había sido poco investigado y discutido. Seguramente su capacidad para liderar, motivar, gestionar, empatizar y comunicarse tan eficazmente con un grupo de jugadores ha sido una de sus virtudes menos estudiadas a lo largo de los años. Cabe recordar que, en general, Coutinho y su legado han sido poco analizados y estudiados. Una de las mayores virtudes de Claudio Coutinho era su flexibilidad de pensamiento. Demostró esta capacidad tratando a cada jugador de forma específica según sus necesidades. También cambiaba la alineación del equipo en función de las particularidades del rival. Al mismo tiempo, tenía la capacidad de elegir a los mejores jugadores para los requerimientos de un momento dado, así demostró su perspicacia en el partido de Rosario, cuando alineó al temido Chicão junto a Batista para cerrar completamente el centro, formando una barrera ante la defensa brasileña. Curiosamente, no fue sólo la exigencia táctica lo que le hizo elegir a Chicão. La ocasión requería alguien con mucha personalidad y coraje. De hecho, el centrocampista defensivo era un gigante psicológico, incapaz de ceder en ningún momento, y mucho menos en una ocasión tan solemne y crítica como aquel partido. Del mismo modo, Chicão era frío, reflexivo y consistente en su forma de jugar. Antes del Mundial, Chicão declaró a la revista Manchete Esportiva: "me controlo. Justo ahora, en Chile, jugando la Libertadores, me enfrenté a dos equipos llenos de jugadores argentinos. Palestino y Unión. Me dieron un codazo en la boca, incluso sangró; me callé. Luego recibí otro, me quejé al árbitro Ramón Barreto, que dijo que mi rival lo había hecho «sin querer». Lo aguanté todo. Sólo que, al final, llamé a su central y le dije: «gringo, no te preocupes, ya te buscaré en Brasil»". Era un líder en el campo, y aquella noche en Rosario fue el jefe del partido. En total comunión con Batista, abogó por una vigilancia constante en la defensa del equipo brasileño. Cuando le pregunté a Amaral si Chicão era comunicativo durante el juego, en pleno partido, me dijo: "Chicão daría su vida por ganar el partido y por verte hacerlo bien". Era un tipo humilde, pero no se andaba con tonterías. Si veía que alguien del otro equipo jugaba de forma desleal contra uno de nuestro equipo, iba, se ponía encima y decía: "aquí no, aquí va a pagarla" y lo cazaba en el momento oportuno. Nos daba una seguridad total. Aquella noche, el equipo dirigido por el capitán Claudio Coutinho no se dejó intimidar en ningún momento e incluso superó a los argentinos en las patadas. No es cualquier entrenador el que puede infundir tanto coraje a un grupo de jugadores, sobre todo en las condiciones en las que se jugó aquel partido. Por momentos se veía que los argentinos estaban realmente intimidados. Chicão, por ejemplo, los miraba como si estuviera jugando en casa, era un jugador que se entregaba en cuerpo y alma en favor de objetivos comunes que redundaban en el bien del equipo en su conjunto. Aquella noche, Coutinho lo había sacado a relucir quirúrgicamente. En una sociedad que a menudo glorifica al individuo, generando a veces obsesiones patológicas en torno a diversas celebridades y artistas, en la que las personas sólo buscan beneficiarse a sí mismas, no hay tarea más ardua que convencer a jugadores millonarios, con egos sobre inflados, de que subyuguen sus ganancias individuales en favor de los intereses del equipo. Si a esta problemática realidad añadimos el individualismo extremo y todas las banalidades y vulgaridades que rodean a esos individuos, la gestión humana eficaz de estos equipos de fútbol puede convertirse en una tarea descomunal. Curiosamente, los dotes de liderazgo de Coutinho serían aún más valiosos hoy en día. El ejemplo actual de los Dallas Cowboys ilustra este problema. De hecho, ese equipo cuenta con jugadores considerados como los mejores en casi todos los ámbitos, pero son auténticas estrellas sin ningún tipo de conexión entre ellos. En las últimas temporadas, a pesar de tener un equipo lleno de estrellas, no han conseguido ganar ni un solo partido en los playoffs. En resumen, no tienen liderazgo ni dentro ni fuera del campo. Como dijo Rex Ryan: "la prioridad tiene que ser el equipo, no el individuo, dejar de ir detrás de las estrellas y buscar jugadores que jueguen para el equipo en su conjunto". "la prioridad tiene que ser el equipo, no el individuo, dejar de ir detrás de las estrellas y buscar jugadores que jueguen para el equipo en su conjunto". La selección brasileña en los últimos Mundiales es un claro ejemplo de falta de liderazgo y cohesión interna en torno a objetivos de mayor valor. Necesitamos un líder que dé a estos jóvenes objetivos en favor del conjunto, de mayor fuerza, objetivos que trasciendan el ego, que sean duraderos y de valor inconmensurable. La atención, dentro y fuera del núcleo de un equipo, no puede girar en torno a lo superficial. Si las trivialidades y el fetichismo ocupan la mayor parte del tiempo de los "narcisos" de un equipo, oscureciendo su concentración en la preparación de un partido, deberían extirparse. Necesitamos jugadores que sean estrellas, pero que también tengan una mentalidad mucho más aguerrida, comparable a la de los jugadores de hockey sobre hielo. En ese deporte no hay florituras. Hay estrellas sin dientes, con la nariz torcida y la cara ensangrentada. Son menos egocéntricos y están dispuestos a darlo todo por el equipo. Hoy en día, en cambio, no es extraño ver cómo algunos futbolistas se comportan como auténticas divas. En baloncesto, Dennis Rodman jugaba a menudo con el pelo teñido de rosa, pero a la hora de la verdad, no corría de la ocasión. Tenía a su lado a grandes individuos que le echaban en cara cuando se pasaba de los límites. En aquel equipo de los Chicago Bulls, nadie hablaba más alto que Michael Jordan. Al mismo tiempo, los conocimientos de psicología y gestión humana del entrenador Phil Jackson eran sencillamente épicos y bien conocidos. El 1-7 contra Alemania, la mayor vergüenza de la historia del fútbol brasileño, sigue estando muy mal explicado. Una aberración es el hecho de que, con tanto talento, no llegásemos ni siquiera a semifinales en los últimos Mundiales. Si después de ser convocado, un futbolista va con una mentalidad desganada, despreciando la competencia y pensando en sus vacaciones, no hay talento que pueda resolver la situación. Muchos van con un espíritu de total comodidad porque ya han hecho fortuna. El célebre boxeador estadounidense Marvin Hagler dijo una vez: "es muy difícil levantarse temprano por la mañana para correr cuando duermes en pijama de seda". Aquí es donde entra de nuevo la sabiduría del capitán Claudio Coutinho. Antes de elegir la plantilla definitiva, Coutinho hizo un estudio detallado de decenas de características de los jugadores que observaba. Tenía informaciones confidenciales que incluían desde las modas técnicas hasta los hábitos sociales. Sabía quién bebía, quién fumaba, quién dormía temprano y quién tenía problemas familiares. Era un hombre muy bien informado. Hoy parece impensable que un seleccionador descarte a un jugador por fragilidad mental, sobre todo cuando ese jugador está representado por un mega empresario o tiene otros intereses financieros detrás. En el Mundial 2022 se vio incluso a jugadores devorando carne bañada en oro en una churrasquería qatarí, en un acto completamente estúpido y sin sentido. Tal actitud es una demostración de su falta de sabiduría y discernimiento. Muchos de ellos parecen niños malcriados y mal instruidos que necesitan desesperadamente ser rescatados y reeducados. Requieren un maestro con sabiduría, alguien a quien puedan admirar y dar ejemplo, que les muestre cómo priorizar lo que es digno. Claudio Coutinho poseía precisamente esa capacidad; era un hombre digno y altruista, que mostraba moderación y modestia en su comportamiento: cualquier reconocimiento que le llegaba, lo dirigía a sus jugadores. Tenía una sensibilidad única para percibir el estado de ánimo de sus jugadores. Se preocupaba por quien estaba en el banquillo, por quien estaba fuera. Los que no jugaban el miércoles se entrenaban el jueves, y ahí ponía en práctica todos sus conocimientos de psicología. Todos se sentían bienvenidos y parte de un grupo. En una conversación con Savva Biller, portero reserva en los Aztecas de Los Ángeles, me dijo: "me hablaba como si yo fuera la persona más importante del equipo. Cuando me hablaba me hacía sentir como si fuera el portero titular". "me hablaba como si yo fuera la persona más importante del equipo. Cuando me hablaba me hacía sentir como si fuera el portero titular". Ante una figura con tal liderazgo y sentido de la justicia, los jugadores están dispuestos a darlo todo por su entrenador. Julio César me lo dijo claramente: "Coutinho no me convocó para unos amistosos. Él sabía que yo estaba disgustado. Un día, de la nada, vino a mi favela, fue a mi barracón, se sentó a mi mesa y tomó 'sopa de escombros' conmigo y con mi madre. ¿Entienden? Fue allí a disculparse por no haberme llamado... ¿cómo no salir al campo por un hombre así?". El central Amaral fue tajante: "su personalidad era sorprendente. Respetaba a todo el mundo. Le gustaba que le llamaran Coutinho. No hacía falta llamarle 'profesor'. Era un tipo abierto... Le gustaba que todo el mundo participara e intercambiara ideas". "Fue allí a disculparse por no haberme llamado... ¿cómo no salir al campo por un hombre así?" Coutinho era un educador. Adílio fue rotundo al opinar sobre él: "Coutinho era un educador muy fuerte en la noción de la vida y del comportamiento. Tuve la suerte de conocerlo... recibí muchos consejos de él, que me mostró el camino. Y yo lo seguí". En este mundo moralmente relativista, un jugador no sólo necesita un entrenador, sino un educador, un maestro y un líder. Sería imposible entender la filosofía y la pedagogía de Claudio Coutinho sin ahondar en su pasado militar. Claudio Coutinho estaba lejos de ser algo parecido a un autoritario. Al contrario, tenía mucho carácter y una personalidad firme, pero al mismo tiempo, era extremadamente empático y abierto al diálogo. Antes del Mundial declaró: "hay diferentes tipos de entrenadores... lo importante es saber utilizar tu autoridad. Y cuanto menos la uses, mejor. La autoridad se pierde rápidamente". Mientras la sociedad civil se caracteriza por el egoísmo y el materialismo exacerbado, las filosofías vinculadas a los códigos guerreros dan mayor importancia y valor a la cohesión, el honor y una mentalidad mucho más altruista. Una mayor dosis de estos valores espartanos es lo que necesitamos en nuestras selecciones nacionales. Coutinho también estaba orgulloso de ser brasileño y no tenía ningún complejo de inferioridad. Hablaba de igual a igual con periodistas de cualquier parte y concedía entrevistas en varios idiomas. Empoderaba a sus jugadores con su retórica. Durante la gira antes del Mundial, tras un partido contra Inglaterra en Wembley, comentó: "solían decir que para asustar a un jugador brasileño basta con darle duro... ahora nos llaman animales. Yo no ordené la paliza... pero la orden fue que nadie huyera del palo. Y eso es lo que hace este equipo". El prejuicio y la mentalidad colonialista continúan hasta hoy. Si Alex Ferguson se acercara a Coutinho con ese tipo de tonterías, le patearían el trasero. Cuando un periodista inglés le preguntó si consideraba que Brasil estaba suficientemente europeizado, respondió: "estamos tan brasileñizados como usted siempre ha pretendido". La inteligencia de la respuesta es sencillamente espectacular. ¿Cómo es posible que un líder así no sea capaz de empoderar a sus seguidores? "estamos tan brasileñizados como usted siempre ha pretendido" ¿Alguien cree que si Claudio Coutinho hubiera estado al mando durante la derrota por 1-7 ante Alemania, sus jugadores habrían permitido semejante ignominia? Eran un puñado de jugadores sin coraje, sin vergüenza, sin sangre en las venas. La tremenda voluntad mostrada por Brasil en la "Batalla de Rosario" no se vio ni de lejos en las actuaciones de esa selección nacional. El ya mencionado Marvin Hagler mencionaba que uno de los factores que le motivaron fue cierto miedo que cargaba consigo: "hay un monstruo que sale de mí cuando estoy en el ring... me recuerda los tiempos en que no tenía nada... me asusta". Hagler luchó como un león. Hoy sería muy difícil encontrar en nuestras selecciones nacionales a un tipo con semejante motivación. Con los bolsillos llenos, algunos se creen por encima del bien y del mal. El "capitán" del equipo en octavos de final contra Chile ya lloraba antes de los penales y pedía ser el último ejecutante. Un ejemplo absurdo de falta total de liderazgo. Con un "líder" así, ¿qué podemos esperar de los que se supone que lo siguen? Recuerdo a Romário caminando con fe, dispuesto a morir de pie si era necesario en la final de 1994. Recuerdo a Zico con todo el coraje cogiendo el balón para tirar en la tanda de penaltis contra Francia, incluso después de haber fallado uno durante el partido. Sería difícil encontrar mayor valentía. Claudio Coutinho fue un "cometa" que cruzó los cielos de Brasil con una velocidad nunca vista. Mientras estuvo allí, lo dio todo por Brasil, amó a su país y dio la cara. En Argentina, lo dejó todo en los campos de batalla. Fue envidiado por tener conocimientos que nadie más tenía. Sin embargo, para muchas de las personas que estuvieron a su cuidado, dio luz y esperanza donde reinaba la oscuridad. Y formó una galaxia. Coutinho fue y sigue siendo eternamente amado por la Nación Rubro-Negra. Creo firmemente que si hubiera tenido más tiempo al frente de la Seleção, habría ganado un Mundial. Cuando le dije a Julio César que Coutinho me parecía casi un psicólogo, me respondió enseguida: "viejo... era mucho más que un psicólogo. Su conocimiento era absurdo, viejo. El hombre tenía mucho más conocimiento que un psicólogo; era un psiquiatra. Viejo, él era un psiquiatra". "viejo... era mucho más que un psicólogo" Capitán Claudio Coutinho: ¡lo amas o lo dejas! Desarrollado por Ricardo Guerra.
- El Toulouse de Carles Martínez Novell
Por Damien Kosinski. Entrenador y analista individual y colectivo de fútbol. Autor del libro "Espacio y Tiempo en el Fútbol" publicado por la editorial LIBROFUTBOL.com. Inicios y formación Carles Martínez Novell se formó como entrenador en España, donde desarrolló una sólida base táctica y una profunda comprensión del fútbol asociativo. Desde muy joven se orientó hacia el análisis minucioso del juego y la formación integral de futbolistas juveniles en entornos de máxima exigencia, lo que le permitió forjar una gran reputación en el desarrollo técnico, la optimización del talento y el diseño estratégico. Su enfoque combina la prestigiosa tradición del fútbol español con las herramientas analíticas más modernas del panorama actual. Carrera como entrenador Entrenó, entre otros, en las categorías inferiores del FC Barcelona y del RCD Espanyol antes de dar el salto al fútbol internacional. Trabajó en academias y clubes de Oriente Medio, donde adquirió experiencia en diferentes contextos futbolísticos. Más tarde se marchó al Kuwait Sporting Club, donde ocupó cargos importantes dentro del cuerpo técnico. Esta experiencia le permitió llamar la atención para consolidarse como primer entrenador. Toulouse FC En 2023, se convirtió en el director técnico del Toulouse Football Club (TFC), club de la Ligue 1, sucediendo en el cargo a Philippe Montanier. En Toulouse, se destacó por: Un estilo de juego basado en la posesión y la construcción desde el fondo. Una clara voluntad de desarrollar jóvenes talentos. Un enfoque moderno inspirado en el fútbol español. Estilo y filosofía Carles Martínez Novell es considerado un entrenador moderno, influenciado por el fútbol de posición. Prioriza: El dominio del balón. La inteligencia táctica. El desarrollo individual de los jugadores. La formación 1-5-4-1 en fase defensiva Como se puede apreciar en esta imagen (OM vs. Toulouse FC), Carles Martínez Novell utiliza a menudo una formación 1-5-4-1 en fase defensiva. Esta organización ofrece una gran estabilidad y empuja al rival a cometer errores técnicos, obligándolo a jugar en espacios laterales muy reducidos, lo que favorece transiciones interesantes para su equipo. Asimismo, en caso de un juego en largo buscando la profundidad, permite beneficiarse de una superioridad numérica para gestionar mejor estas situaciones, antes de asentar una fase de posesión desde la defensa. En esta otra imagen, nos situamos en el partido FC Metz – Toulouse FC. Volvemos a encontrar una defensa de cinco, pero en una fase de basculación defensiva. Se observa, concretamente, cómo el carrilero derecho salta hacia el poseedor del balón, lo que genera una superioridad numérica de 3 contra 2 en la zona de influencia y puede activar una transición para el Toulouse. A pesar de este salto, la línea defensiva conserva su estabilidad manteniéndose organizada como una línea de cuatro. También se destaca la línea de cuatro mediocampistas, así como el delantero centro posicionado bastante alto, con el fin de aportar densidad, defender los espacios y quedar disponible en caso de una transición defensa-ataque. La formación 1-3-4-3 en fase ofensiva En esta imagen, observamos el partido entre el OGC Niza y el Toulouse FC. El equipo tolosano adopta aquí un sistema 1-3-4-3 en fase ofensiva, una organización destinada a ser utilizada con regularidad esta temporada. Esta estructura permite explotar al máximo el ancho y el largo del terreno de juego. Pero más allá del sistema, el sello de Carles Martínez Novell se nota especialmente a través del juego de posición. En efecto, esta disposición permite a los jugadores del Toulouse estirar el bloque del Niza, haciendo emerger espacios-tiempos en el interior del mismo. A lo largo de la temporada, el Toulouse busca especialmente explotar los carriles interiores (medios espacios) cercanos a las bandas para crear circuitos de pases en triángulo, involucrando al carrilero, al mediocampista central y al extremo. Como se puede ver en esta imagen, se busca de gran manera el circuito en triángulo, explotando a la vez los espacios-tiempos interiores del bloque del OGC Niza. Gracias a esta organización, Carles Martínez Novell potencia las cualidades de sus futbolistas ofensivos, permitiéndoles proyectarse y encarar en el último tercio. En este plano, se comprende mejor la estructura del equipo y el impacto del juego de posición. En efecto, el poseedor del balón dispone de tiempo y espacio para romper líneas en el último tercio, aportar velocidad y luego atacar el área para lanzar el centro. En paralelo, el bloque del OGC Niza llega un tiempo tarde al ajuste defensivo, consecuencia directa del juego de posición implementado por Carles Martínez Novell. Esta situación acentúa la deformación del bloque de Niza y abre espacios en el lado opuesto al balón, aprovechables sobre todo en caso de un centro. Esta imagen ilustra a la perfección la complementariedad entre el dominio del juego de posición de Carles Martínez Novell y el uso del sistema 1-3-4-3 en fase ofensiva. Como era de esperar, esta organización permite ocupar todo el ancho de la cancha. En esta toma se observa que el centro se ejecutó correctamente y que el carrilero derecho del Toulouse FC aprovecha el espacio creado para llegar a rematar. Este movimiento evidencia los efectos de esta estructura: al jugar frecuentemente en diagonal para desorganizar al bloque rival, el Toulouse logra generar, en el momento clave, una superioridad numérica alrededor de la zona del balón. Conclusión Se observa así, en el Toulouse, una auténtica variedad en sus registros ofensivos: ataque organizado, transiciones y jugadas preparadas. Esta riqueza conceptual y metodológica dotó al equipo de una tremenda imprevisibilidad, convirtiendo al club en una propuesta sumamente interesante de seguir en la Ligue 1 durante esta campaña. Se trata de una dinámica de crecimiento continuo que deja un gran legado táctico y que podría consolidarse definitivamente en la élite del fútbol francés si el trabajo colectivo de la plantilla continúa asimilando estos automatismos en esta misma dirección, incluso tras la salida de Martínez Novell. Desarrollado por Damien Kosinski.
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