Micro-estructuras en el Botafogo de Martín Anselmi
- 7 feb
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Actualizado: 10 feb
Por Juan Lauz y Sebastián Esquerre. Analistas de fútbol.

Pensar que en apenas dos semanas puede verse reflejado un trabajo de autor en un equipo suena, de entrada, a una exageración. Sin embargo, es exactamente lo que —al menos de forma parcial— ha ocurrido en Botafogo. Martín Anselmi, presentado el pasado 20 de enero, ha logrado imprimir su sello en el Fogão en un lapso sorprendentemente corto.
El entrenador argentino, con solo 40 años, ha introducido principios claros de juego posicional en un equipo brasileño que, si bien muestra resultados irregulares —tras un inicio prometedor con tres victorias entre el Campeonato Carioca y el arranque del Brasileirao, seguidas por dos derrotas ante Fluminense y Grêmio—, ofrece señales alentadoras desde lo futbolístico.
Desde el juego, el balance puede ser positivo. Como el propio Anselmi explicaría en su llegada al Porto, en su primera experiencia europea: “Necesitamos jugadores que entiendan el juego, que sepan dónde está la ventaja, el hombre libre y el espacio. Estas son las cosas que hacen que un sistema se mueva”.
Esa idea empieza a materializarse en Botafogo a través de la formación y gestión de micro-estructuras clásicas del juego de posición: triángulos y rombos que, mediante una ocupación racional del espacio —distancias y alturas óptimas entre jugadores—, facilitan la aparición constante del Hombre Libre.
Estos triángulos de pase, aunque generan superioridades numéricas, tienen por objetivo principal generar superioridades posicionales con recepciones con tiempo y espacio para receptor, y a espaldas de una línea. Como decía Juan Manuel Lillo, maestro del juego posicional, “este juego consiste en ir generando superioridades a la espalda de la línea que te aprieta”.
Sin embargo, estas micro-estructuras deben ser dinámicas y cambiantes —”estas son las cosas que un sistema se mueva”—, en una especie de caos organizado.
Las micro-estructuras dentro del juego de posición potencian los perfiles de recepción así como la continuidad en la circulación, pero el equipo de Martín Anselmi, quizás con los propios normales de un equipo brasileño, ha jugado con las ventajas dinámicas que pueden ofrecer las combinaciones de tercer y cuarto hombre en carrera.
Carreras de tercer hombre que generan incertidumbre y caos. Aunque la estructura no está “ahí”, si lo “está”, o estará.
Habría que retomar otra de las declaraciones del entrenador, donde hace énfasis en la búsqueda de un “fútbol de ventajas”, donde “tomemos posiciones, más que un sistema”.
Profundizando en los intercambios posicionales y la libertad de los jugadores de moverse entre espacios y alturas a la par que, no solo mantienen la estructura general, sino que generan estas micro-estructuras dinámicas en movimiento constante.
Repetición del pase
Otro de los aspectos en los que ha profundizado el entrenador argentino, sobre todo en inicios de su equipo, es en la repetición de pases de seguridad para provocar estímulos en el rival.
De esta forma, tomando riesgos en el pase corto (al fin y al cabo, es un juego de atraer presiones, por fuera de su apariencia insípida), Botafogo genera saltos aprovechables en su espalda, creando secuencias de Tercer Hombre, ya sea jugando a la espalda del salto o generando un cambio de orientación.
No quedan dudas: Botafogo es aún un equipo por descubrir, tanto a nivel juego como de resultados (como reflejan sus últimas dos derrotas contra rivales de un nivel similar), pero que en dos semanas se puedan evidenciar estos detalles, no solo a nivel estático, sino de dinámicas y movimientos, es algo de elogiar en tan poco tiempo.


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